miércoles, 18 de abril de 2012

NADA SOMOS DE FRANCISCO CENAMOR


Nada somos

Francisco Cenamor

Luces de Gálibo, 2011

86 pp.
11 euros



Tuve ocasión de leer el anterior libro de Francisco Cenamor, Casa de aire (2009), hace unos meses. Ahora presenta este Nada somos con un título significativo y que describe bien el contenido del mismo. Una de las palabras que más aparecía en Casa de aire era dolor. Uno de los temas que más se adivina tras Nada somos es la muerte. El autor divide el libro en cuatro partes y no es una división arbitraria. Tras la lectura uno se apercibe de que su estructura obedece a un propósito definido. Pero vayamos al principio. La primera parte, Yo, a mi modo de ver la fundamental, contiene una decena de poemas-historia. Cenamor en este poemario avanza hacia una mayor narratividad, también hacia una liberación total en cuanto a la forma y a la simplicidad. Prescinde de todo barroquismo y somete el lenguaje a una cura de adelgazamiento formal. Los diez poemas-historia contemplan una aproximación quizá a historias vividas desde la infancia, o que parecen reflejar una parte de la vida del autor. Hay dos características que quisiera resaltar en estas historias. Una sería la importancia del recuerdo. La segunda es que desprenden una gran ternura a pesar de que hay momentos en que algunos poemas traslucen gran crueldad como es el caso de Perros. Curiosamente el último de los poemas, Espejo, es también el título de la última parte del libro. Y todo parece obedecer a una causa. Avanzando en esa idea de la narratividad pondría como ejemplo el inicio del poema-relato titulado Miguel, cuyo inicio bien podría corresponder al inicio de una narración (p. 24):



“Miguel se ahogó cuando mamá fue a comprarle



un helado”



Aunque efectivamente hay una distribución en forma de versos, sin embargo no parece obedecer a un patrón poético. Del mismo modo los versos carecen de recursos estilísticos avanzando hacia una expresión limpia.



La segunda parte se denomina Resumen de muertos y viene a ser realmente lo que enuncia. Y por allí van apareciendo algunos de los personajes de la parte anterior, Yo, que han fallecido.



La tercera parte se divide en tres: Animalario, Vegetalario y Pedernario. Esta clasificación debe obedecer a aquella otra que en la escuela aprendimos. Existe un reino animal, otro vegetal y otro mineral. Pero me importa mucho destacar que viene precedida de unos últimos versos de la segunda parte que aquí apunto (p.42):



“Yo que de cenizas soy ahora acabo



aquí mi experiencia mi testimonio



en mi yacen todas la tumbas”



Cabe señalar que estos últimos versos enlazan bien con esta tercera parte denominada Mi ceniza. En Animalario y Vegetalario se reitera una pregunta: ¿Somos sólo carne?



¿Muerta la carne y en tanto ceniza resurjo como animal, vegetal o mineral? ¿Por eso tanto preguntarse sobre nuestro ser, sobre qué nos compone?



En la última parte, Espejo, adivinamos el contenido de los poemas. Son las mismas historias contadas desde el otro lado del espejo. Desde la realidad de quien las sufre en primera persona, no desde el punto de vista del que las observa. Este final nos vuelve a llevar al inicio como si de una trama circular se tratase.



Destacaría la originalidad formal del poemario tras su sencillez aparente. Otro punto más a recordar es la narratividad de los poemas tal y como destaqué en el principio. Parece como si Francisco Cenamor deseara reinventar su realidad en cada poemario. Nada somos, nada resta de nosotros, pero nos queda el poemario de Francisco Cenamor.

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